Las oraciones interrogativas son aquellas unidades de sentido que, en principio, le piden alguna información específica al interlocutor. Por ejemplo: “¿Qué hora es?” o “¿Cuántos hermanos dijiste que tenías?”.
En otro caso, se pueden usar este tipo de oraciones para hacerle alguna sugerencia o darle algún consejo al receptor: “¿No deberías tratar mejor a tu mamá?” o “¿No te parece que deberías repasar más antes de rendir el examen?”.
Por último, a veces se recurre a las oraciones interrogativas para pronunciar algún mandato: “¿Por qué no vas a ayudar a tu madre?” o “¿Por qué no te callas un poquito la boca?”.
Las oraciones interrogativas, en el idioma castellano, siempre se escriben con signo de interrogación, cuando son “directas”. En estos casos, los signos se colocan antes de que comience la oración y al final, por lo que actúan en lugar del punto: “¿Me podrías decir tu nombre?” o “¿Falta mucho para llegar?”.
Ahora bien, las oraciones interrogativas “indirectas” son aquellas que cuentan con una preposición enunciativa y una subordinada interrogativa. En general, en estos casos no llevan signo de pregunta y cuentan con verbos como “decir”, “preguntar” o “cuestionar”.
¿Cuánto cuesta el kilo de tomates?
¿Querés ir al cine conmigo?
¿Dónde queda el museo de bellas artes?
¿Te gusta cómo me queda este vestido?
¿No te parece que le deberías haberle pedido perdón por lo que le hiciste?
¿Podrías cerrar aquella ventana?
¿Te molestaría ayudarme a llevar esta caja hasta el auto?
¿Qué te parece si mañana salimos a cenar?
Me preguntó por qué no lo había llamado para su cumpleaños.
¿En qué año Colón llegó a América?